jueves, 13 de diciembre de 2012

Mi visita a la Morenita

Hoy me levanté temprano, aún con mucho sueño, pero dentro de mí había algo que hacía que por extraña razón, no me sintiera raro, y cómo estarlo si iba a ir a visitarte, como cada año, como cada doce  de diciembre.

Me alisté y me fui a tu santuario, yendo en el automóvil y viendo las luces de varias casas que estaban encendidas, vinieron a mi memoria esos días de niño, esos días en los que mi abuela me tomaba de la mano ante la posibilidad de perderme entre tanta gente, y más porque me quedaba hipnotizado viendo los caramelos, los dulces, las señoras preparando las comidas en sus puestos, esas tortas de pierna con chile colorado, que desbordaban carne; “puras mentiras mijo, adentro no traen nada” oía a mi abuela al verme contemplar la comida…
­
Llegamos, dentro de mí, sentía como mis entrañas comenzaban a arder, a la altura de mi pecho un sentimiento de miedo crecía, no me lo podía explicar, aún y a mis casi tres décadas de vida, no logro explicarlo.

Poco a poco mis pasos me dirigían a tu atrio, a tu morada, al entrar me santigüé y percibí el olor de las flores que inundaban tu altar, me dirigí a alguna de las bancas, o a la que viera sola, tanta gente, tantas personas, cada una con un sentimiento, cada una con un agradecimiento, cada una con una petición, yo aún no podía verte, logré sentarme, y de inmediato me hinqué, cerré mis ojos y comencé a rezar, de pronto una voz a mi espalda hizo que la sensación que traía explotara dentro de mi…

“Gracias Dios mío, gracias Virgencita por todo lo que nos das, gracias por permitirme estar un año más aquí”; era la voz de una señora de edad avanzada, tan dulce, tan entrada en años, tan suave, con el cansancio en sus palabras, con la vida recorrida… y los recuerdos de mis abuelas vinieron a mi mente…

Con el paso de los años he de confesar que mi fe se ha ido perdiendo, tantas cosas, tanta violencia, el ver como la gente se ha vuelto fría, inmune al dolor de los demás, cómo se burla de la desgracia de otros. Sin embargo mis abuelas siempre mantuvieron la fe, agradezco a Dios que ellas ya no vieron tanta violencia. Mi abuela materna era la que me llevaba a ver a la morenita del Tepeyac, siempre consciente de que haría de mi un buen hombre (bueno, lo más posible)… Y después de un año tan difícil como este, verdaderamente mi fe estaba muy quebrada… y de pronto la voz hizo que en mi interior volvieran los recuerdos y la verdadera razón de ir a visitarla.

Aún sigo sin comprender por qué esta sensación, no podía verte, la vergüenza y la pena de mirarte a los ojos hacía que me viera en la necesidad de esquivarte, sin embargo mis mejillas ya recogían las lágrimas que de mis ojos brotaban, y de pronto tomé fuerzas y volteé a verte, y al mirar tus ojos un calor suave, de ternura, dulce, como el que solo una madre puede tener hicieron que me desbaratara, ya no podía más, mis ojos no dejaban de sacar lágrimas y no podía explicármelo. Las secaba pero a los pocos segundos más lágrimas rodaban.

No podía emitir palabras, no me salían, así que cerré mis ojos y te agradecí por interceder ante Nuestro Señor y darme vida, y te pedí antes que por mí, por los demás, por aquellos que sufren, por aquellos que pasan más dificultades que las que estoy pasando yo, y por mi familia. Mis ojos estaban cerrados fuertemente, para cuando los volví a abrir, tu morada ya estaba llena. Te agradecí y tomé asiento, me sentía aliviado, comencé a notar a la gente, no era el único que le había llorado, señoras, jóvenes, señores, alguno que otro adolecente también derramaban pequeñas lágrimas. De pronto noté como iba entrando un joven hincado, se notaba que lo había hecho desde el atrio, porque su cara de dolor lo delataba, pero a la vez lo hacía con esa fe que en mi se estaba recuperando, llegó, qué tan pesado debió ser el trayecto que al llegar dejó caer sus brazos para sostenerse, levantó la mirada y noté como su rostro resplandecía, te había cumplido.

Un ruido estruendoso interrumpió el trance, era la danza de matachines que entraba por la puerta principal, con sus penachos multicolores, con sus huaraches de lámina para que sus brincos se oyeran más, el tamborilero que lo hacía con más fuerza, para que todos lo escucharan, algún día sé que será un nuevo sueño cumplido, el poder entrar de igual forma bailándote morenita.
Estuve toda la hora, escuchando misa, mirando tu rostro, pidiéndote fortaleza para todo lo que tu hijo y Dios pondrán en mi camino, para poder soportarlo, a tu lado. Agradecí y me despedí con un hasta luego, pronto vendré de nuevo a verte

¡¡¡¡¡¡¡VIVA SANTA MARIA DE GUADALUPE, EMPERATRIZ DE AMERICA, PATRONA DE MEXICO!!!!!!!!!!!! COMO NO HA DE QUERER HA NUESTRO MEXICO SI HA HECHO COSAS QUE NO HIZO CON NINGUNA OTRA NACIÓN.

No hay comentarios:

Publicar un comentario